Susanita necesitas descanzar.

 

La popularidad de la alcaldesa de Lima está en uno de sus peores momentos. Apenas un 13% de los limeños aprueba la gestión de Susana Villarán al frente de la capital peruana, según un sondeo reciente elaborado por Datum. La cifra representa una caída de 7% respecto a la aprobación registrada en febrero y pone a Villarán -que ya se encuentra en su cuarto y último año de gobierno- en una situación sin precedentes: ninguno de sus antecesores alcanzó semejantes niveles de impopularidad. Pero, pese a ello, la alcaldesa de izquierda parece estar analizando la posibilidad de buscar la reelección. “Lo estoy pensando”, admitió en una reciente entrevista al diario La República.

Los comicios se realizarán en noviembre. Para Villarán, ganarlos sería un nuevo milagro electoral, pues ya sorprendió con su victoria en las municipales de 2010 y el año pasado se salvó in extremis de ser revocada en una consulta que ganó por apenas 17.000 votos, pero le costó la cabeza casi la totalidad de sus regidores. Esta vez el panorama que pintan las encuestas parece muy difícil. “Es un delirio”, comentó el parlamentario Javier Velásquez Quesquén, del APRA, uno de los opositores a su gestión. “La postulación de Villarán sería una ofensa a los limeños. El 85% reprueba su gestión”, agregó, en declaraciones consignadas por el diario El Comercio.

En general, los políticos y analistas le otorgan a Villarán escasas posibilidades de conseguir cuatro años más al frente del concejo. Sin embargo, dentro de las organizaciones de izquierda hay quienes dan por un hecho -aunque sin reconocerlo públicamente- que se presentará. A la vez, su gestión ha dado varios pasos que pueden interpretarse como el inicio de una campaña proselitista. En febrero se conoció que la municipalidad ha contratado como asesora externa a Anel Townsend, una ex congresista que ya colaboró con la alcaldesa en la campaña para evitar que fuera revocada. La misión de Townsend, según ella misma explicó, será reforzar la comunicación de las obras y programas del municipio. Además, en las últimas semanas el municipio ha lanzado varios videos. Uno de ellos muestra a Villarán acompañada por sus colaboradores y con un pañuelo verde similar a la bufanda del mismo color que usó durante su campaña electoral. “Ser honesta, ser honrada, no es fácil, pero vale la pena”, dice en el video la alcaldesa.

“No voy a ir a ninguna reelección. En este momento estoy trabajando, soy alcaldesa de Lima en funciones y sí estoy en campaña, y mi campaña es para mostrar las obras de Lima”, había declarado Villarán en febrero. Dos semanas después cambió de opinión, a juzgar por la entrevista con La República.

La baja aprobación ciudadana es uno de los principales problemas de la alcaldesa
La baja aprobación ciudadana es un problema que Villarán acarrea casi desde el inicio de su mandato. En su defensa, siempre ha argumentado fallas en la comunicación con la ciudadanía de sus obras y reformas. Para Jorge Ruiz de Somorcurcio, arquitecto urbanista y ex regidor (concejal) de Lima Metropolitana, ha habido más que eso. “No se trata solo de un problema de comunicación, sino de una sucesión de errores los primeros años en los que la actuación municipal no supo sintonizar con las demandas de la población. La falta de equipo y especialistas motivó diversos errores e insuficiencias que fueron destacadas por los medios de comunicación”, argumenta.

Ruiz de Somocurcio señala como los principales errores de la gestión municipal el “dogmatismo para gobernar” y la “poca o ninguna apertura a las fuerzas políticas de oposición en el concejo”. Asimismo, señala que su equipo de asesores y de gerencia es poco competente. “No logró transmitir una visión integral de ciudad a futuro y cómo alcanzarla”, agrega. Sobre la reforma del transporte público de Lima, una de las banderas de la alcaldesa, asegura que “ha demorado mucho”. “Estamos en un año electoral y no hay garantías que una próxima y nueva gestión la continúe. La sociedad civil y la opinión pública deberían exigir que no se detenga”, opina.

En cualquier caso, si aspira a la reelección, Villarán tiene un camino complicado por delante. Para empezar, no tiene partido para presentarse, puesto que Fuerza Social, su agrupación, perdió su inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones tras no obtener el mínimo de votos requerido en las presidenciales del 2011. Si quiere postular, deberá integrarse a una alianza o hacerlo por otro partido. Y a estas alturas ni siquiera tiene garantizado terminar su mandato. El 25 de marzo el concejo municipal votará un pedido de vacancia por haber tomado un préstamo de la Caja Municipal, algo que sus opositores consideran ilegal aunque la Superintendencia de Banca y Seguros ha aclarado que no está prohibido.

Ese día, Villarán, la primera alcaldesa mujer de Lima elegida por voto popular y la primera persona de izquierda al frente de la ciudad desde 1985, estará a merced de un concejo municipal donde no tiene concejales que la defiendan, pues los perdió en la consulta de revocación y no los pudo recuperar en las elecciones complementarias de noviembre del año pasado. Allí, también, está a la espera de un milagro.

Los problemas más urgentes de la capital peruana

1. Inseguridad. Todas las encuestas señalan que es la principal preocupación ciudadana. Aunque el índice de homicidios es bajo comparado con otras metrópolis latinoamericanas, la incidencia de robos y criminalidad callejera en general sí son elevadas.
2. Transporte. Lima tiene cerca de 8 millones de habitantes y apenas una línea de metro y un corredor de buses. “Los habitantes de la periferia de Lima pierden 4 horas diarias en desplazarse a sus centros de trabajo y/o servicios, y la ciudad pierde aprox. USD 1,000 millones por año, en combustible y horas / hombre por el deficiente sistema de movilidad urbana”, señala Jorge Ruiz de Somocurcio.
3. Vivienda. Se estima que Lima tiene un déficit de 500.000 unidades y no hay una política para cubrirlo, ni municipal ni del gobierno central. Los habitantes más pobres suelen estar a merced de los traficantes de terrenos.
4. Áreas verdes. Lima tiene uno de los menores índices en Latinoamérica: 2,5 metros cuadrados por habitante. El déficit de espacios públicos es marcado.

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