Inseguridad ciudadana.

 

El ministro del Interior, Walter Albán, ha hecho sonar la alarma y ha puesto el dedo en la llaga: la criminalidad seguirá siendo alta en los próximos años y para enfrentarlos hay que aplicar una severa depuración, una purga, en las filas policiales.

El crecimiento de la delincuencia está a la vista en todo el país. El ministro ha señalado un factor: el asesinato de dirigentes obreros. “Se vienen depurando los registros sindicales”, ha dicho, “porque muchos son fachadas de bandas criminales”.

Justo ayer, cuando escuchábamos las palabras de Albán, nos llegaron gruesos tomos del Plan Regional de Desarrollo Concertado de Lima (2012-2025). El compendioso texto editado por el Instituto Metropolitano de Planificación aporta datos sobre el tema de la inseguridad ciudadana. En la página 143, se lee: “el Perú tenía, para el año 2010, el porcentaje más alto de América en percepción de inseguridad”.

Eso coincidió, precisa el documento, con la expansión delictiva en el país, pues para el año indicado el porcentaje de victimización fue también el más alto de América Latina. “Además”, expresa, “según el Ministerio Público, la tasa de homicidios ascendió a los 17.85 por 100.000 habitantes, una cifra similar a los niveles alcanzados por México y Brasil”. No podemos olvidar que en estos dos últimos países la droga es la gran fuente del crimen.

Un hecho evidente es que la delincuencia en todas sus formas tiene sus raíces en la pobreza y en la crisis de valores. La matriz social del mal se puede deducir de este párrafo:

“En Lima Metropolitana, los distritos más prósperos –ubicados en la Lima moderna, a excepción de Los Olivos, el más próspero de Lima Norte– son los que encabezan el Ranking de Seguridad Ciudadana, mientras que en el extremo opuesto se ubican algunos distritos de la Lima antigua –como Rímac, La Victoria y San Martín de Porres–, así como distritos populares y periféricos como Carabayllo, Comas, Villa El Salvador, San Juan de Miraflores, El Agustino y Villa María del Triunfo”.

Alarmante es el ritmo de crecimiento de los delitos contra el patrimonio. Según la Dirección Territorial de la Policía, los robos, asaltos, estafas, fraudes y otros en Lima Metropolitana subieron de 60.165 en el 2010 a 70.021 en el 2011. En cuanto a pandillaje, el aumento fue catastrófico: de 341 casos en el 2010 pasamos a 1.448 en el 2011.

Esos índices explican por qué el problema de fondo es social, es económico, y delatan que no hay cambios realmente auspiciosos en nuestra sociedad.

Algo más, ciertos dirigentes de nuestro país suelen ser un mal ejemplo moral. Sus estafas y sus asaltos dañan la economía pero también el alma de la población.

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