Limando asperezas.

 

El rey Abdalá de Arabia Saudí recibió este viernes al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en su finca de Rawdhat Khuraim, un oasis a cien kilómetros al norte de Riad. La habitual hospitalidad árabe y los efusivos saludos al huésped no eclipsaban sin embargo el malestar saudí con las políticas americanas en la zona. Una preocupación supera, y alienta, a todas las demás: el reciente acercamiento de Washington a Irán, el vecino con el que el reino compite por la influencia en la región. A pesar de los esfuerzos de la diplomacia estadounidense por disipar los recelos de su aliado, resulta improbable que la cumbre produzca resultados visibles.

El cambio geopolítico que ha significado la apertura este año de conversaciones nucleares con Irán ha sido la gota que ha colmado el vaso de Arabia Saudí. Durante la pasada década, la familia gobernante ha visto alarmada como la intervención de Estados Unidos en Irak abría las puertas a la influencia de Teherán en su vecino del Norte, la pasividad con que Washington dejó caer a Mubarak, la inestabilidad que ha seguido a las revueltas árabes y, sobre todo, la falta de entusiasmo occidental para desalojar a Bachar al Asad del trono de Damasco.

“No espero demasiado [de la visita]”, confía a EL PAÍS el veterano periodista saudí Khaled Al Maeena. “Nosotros tenemos nuestra política exterior y Estados Unidos tiene sus intereses; la idea de que vamos a cambiar al respecto no tiene fundamento”, añade.

Sus palabras descartan la posibilidad de que Obama logre convencer a sus interlocutores para establecer una base de entendimiento con Irán con el fin de impulsar las negociaciones entre la oposición y el régimen sirios. La desconfianza con su vecino es demasiado grande.

Que EEUU haya empezado a hablar de levantar las sanciones y reintegrar a la República Islámica en el concierto internacional constituye la última traición de un aliado con el que creían compartir intereses. De hecho, destacados miembros de la familia real han aireado en los últimos meses su malestar con Washington en foros públicos y artículos de prensa.

La Casa Blanca ha reconocido la existencia de tensiones y la propia visita de Obama es un intento de limar asperezas y tranquilizar a los saudíes sobre su compromiso con el reino y la región. Por su parte, el rey Abdalá ha demostrado su interés en mantener un canal de diálogo privilegiado al recibir al presidente en persona a pesar de su delicado estado de salud. Los periodistas que acompañan a la delegación norteamericana, pudieron apreciar que el monarca permanecía conectado a una bombona de oxígeno, según menciona Associated Press.

Además, para preparar la visita, el rey envió a Washington al influyente ministro del Interior, el príncipe Mohamed Bin Nayef, con buenas relaciones en esa capital. En los últimos meses, Mohamed se ha hecho cargo del dosier sirio, uno de los puntos de contención con EEUU y que hasta ahora estaba en manos del más errático jefe de los servicios secretos, su primo el príncipe Bandar Bin Sultan. Pero además de hablar de Siria, y del problema que plantean los yihadistas allí adiestrados, también explicó a sus interlocutores que las acciones de su país en las crisis regionales intentan frenar el caos que, en última instancia, también afectaría a EEUU.

No está claro hasta qué punto sus argumentos, muy criticados por sus detractores, han encontrado eco en la Administración Obama. Sin embargo, a bordo del Air Force One, el vice consejero de Seguridad Nacional Ben Rhodes aseguró a los periodistas que las relaciones bilaterales eran ahora “mejores que el pasado otoño cuando tuvimos algunas diferencias tácticas en nuestra política sobre Siria”. Desde entonces, dijo, EEUU y Arabia Saudí han trabajado para coordinar su asistencia a los rebeldes. Aún así, adelantó que el presidente no tenía previsto hacer ningún anuncio específico al respecto.

Rhodes también añadió que la agenda del presidente en Arabia incluye los derechos humanos, y en particular los de la mujer. No obstante, señaló que la prioridad de la cita es el amplio abanico de intereses de seguridad comunes.

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