Nelly Machaca.

 

Esperábamos de nuestro eventual “adversario” en las lides del periodismo, una respuesta más serena, más racional y menos soberbia, porque la soberbia obnubila la razón y elimina la inteligencia, pero en fin empezaremos puntualizando sus incongruencias, hasta ideológicas, porque Necías Taquiri, que otrora tomaba como referentes para sus comentarios a los clásicos del marxismo, hoy recurre a “personajes” controvertidos como Aldo Mariátegui o autoridades y funcionarios de nuestro medio con serios cuestionamientos por presuntos actos de corrupción; ellos, ahora, son su fuente de inspiración y su defensa es su derrotero final. Dizque por la “reconciliación” debemos pasarle la mano a los gobernantes y convertirnos en sus fieles servidores aun cuando estén gobernando mal, sin ningún ápice de transparencia en el manejo de la cosa pública; ¡¡cómo has cambiado pelona!!, diría Nicómedes Santa Cruz al actual converso.
Una cosa es la defensa técnica, jurídica con principios universales como “la inocencia se presume y la culpabilidad se prueba”, que tienen validez en cualquier época de la historia y en doquier parte del mundo, al que no sólo Allan Brewer puede recurrir sino quien fuera vulnerado en sus derechos y otra cosa diametralmente distinta es la mimetización con una concepción, con una forma de ver el mundo, con una forma de ser, de pensar y de hablar que al parecer estaría ocurriendo con Necías y los aludidos “personajes” para “enfrentarse” a sus aparentes “opositores” del periodismo que estamos en el otro lado manteniendo nuestra independencia del poder político y económico. Tanta mimetización no se podía esperar, pues hasta como su mentor (para quien las leyes, normas, parámetros no existen, porque ÉL es la LEY) afirma que las normas como reglamentos, estatutos no tienen porqué respetarse al interior de la ANP y su incumplimiento es indiferente.
La ayuda solidaria no es algo que deba estigmatizar al beneficiario; se estigmatiza cuando la ayuda es sólo un medio y el propósito es el provecho del supuesto benefactor o benefactores. La familia Wari y los ciudadanos de buena fe, nos hemos reunido en una actividad denominada “Un canto por Tony” en momentos más críticos que el colega Marmanillo atravesaba en el tema de su salud; nos reunimos para hacer llegar nuestra contribución económica, claro, aquella vez, no contamos con autoridades que fácilmente, desembolsan por encima de los 10,000 ó 20,000 nuevos soles, tampoco nuestro eventual “adversario” en las lides del periodismo se hizo presente ni con un centavo, menos una palabra en su medio para promocionar el evento (entonces ¿de qué hidalguía habla?¿Era porque la familia Wari coorganizaba y nada con ella?). Reza el dicho no escupas al cielo que te puede caer en la cara, pero sí se contó con la contribución de personas sencillas, profesionales, niños, jóvenes, amas de casa y personas de a pie. De seguro que a Tony y a su hijo le habrán sobrado los dedos de la mano para contar cuántos y quiénes lo visitamos en el hospital capitalino donde ambos requerían palabras de aliento, de sosiego. Tony esté donde esté, es un Maestro del periodismo, porque al Maestro no le hace el medio; es un atributo de la persona y habrá que saber ¡cuánto! le están pagando en ese medio. Aprendimos de Tony que es anti ético y amoral tomar al periodismo como un trampolín para saltar a cargos públicos y convertirse en escuderos de quienes les dan el cargo; cosa distinta es la oficina de imagen institucional donde por profesión u oficio tienen que laborar periodistas o en otros casos por su filiación política ocupen cargos. Ya que nos pregunta qué hicimos cuando decidió convertirse en asesor del actual Presidente regional, le dijimos, en consideración a su trayectoria que había tenido, “no asumas, piénsalo bien”, eran más que suficientes esas palabras, porque no era necesario ser pitonisa para prever cuál sería el derrotero de su gestión, porque desde la campaña electoral había demostrado que con su plata podía torcer todo o casi todo; empero cada uno escoge el camino que más le conviene.
Las siete calumnias de la burguesía contra el comunismo, escrito por Nelson Lombana Silva, a propósito de los 194 años de nacimiento de Carlos Marx, es didáctico para entender cuánta tergiversación existe respecto a la propiedad privada, la misma tergiversación que utiliza el converso para arremeter a los de acá. En efecto una de las expresiones de la lucha ideológica entre la burguesía y el comunismo al que hace referencia Lombana y que neciamente repiten los defensores del sistema, son las siete calumnias de la burguesía para atacar contra el comunismo que se resumen en: “Que el comunismo es sinónimo de abolición de la propiedad privada, el comunismo no respeta ni la personalidad ni la libertad, en el comunismo reina la holgazanería, etc. Para nuestro ejemplo sólo basta referirnos a la propiedad privada, y sobre ella Lombana precisa “Se nos reprocha a los comunistas el querer abolir la propiedad personalmente adquirida, fruto del trabajo propio, esa propiedad que forma la base de toda libertad, de toda actividad de toda independencia individual… La propiedad personal y conseguida con el trabajo es sagrada y nadie tiene que apoderarse de ella en el socialismo”.
Cosa distinta es la propiedad privada sobre los medios de producción (tierras, recursos naturales, instrumentos, tecnología, conocimientos, ciencia, etc.) que deberían estar en poder del pueblo pero en el capitalismo están en pocas manos; se dice que en el Perú la riqueza y los medios de producción se concentran en sólo el 2% de la población, y son los dueños de minas, tierras, recursos naturales, bancos, supermercados, encuestadoras, seguros, los grandes agro exportadores, corporaciones empresariales, poderosos medios de comunicación concentrados; todos ellos con un pie en el Perú y el otro en el extranjero para “alzar vuelo” a la menor crisis que se presente en nuestro país y retornar pasada la crisis para seguir acumulando más y más riqueza; y, a nivel mundial, se dice que la riqueza y los medios de producción están en manos de sólo cien personas y de éstos, todavía, se seleccionan a sólo 3 hombres más ricos del mundo, según la última publicación de Bloomberg Markets; esa es la propiedad privada que tiene que ser social. Los miles o los millones de pequeños empresarios y microempresarios del país cuya empresa es casi familiar, y sus ingresos producto de su trabajo, golpeados y ahogados por los sistemas de recaudación tributaria no detentan el poder económico, pero neciamente, siguen repitiendo y buscando contradicciones que genera el sistema en ámbitos donde no las hay. Lo que si es cierto, es que vía la corrupción en la administración pública, donde se pierden más de 14 mil millones de nuevos soles al año, muchos inescrupulosos se han convertido, de la “noche a la mañana” en los nuevos ricos, en los nuevos dueños de mansiones y de toda clase de suntuosidades que esta sociedad de consumo depara, sin que les haya costado esfuerzo ni tiempo para lograrlo y claro en perjuicio del legítimo derecho que tiene el pueblo para salir del subdesarrollo con esos dineros que perdemos en la corrupción. Y, respecto a esta lacra no es sólo cuestión de reconocer que la corrupción es producto del sistema y quedarnos impasibles; pues con esa lógica el pueblo no tendría nada que hacer frente a la falta de trabajo, las míseras remuneraciones de la clase trabajadora, la venta de nuestros recursos naturales con pocos beneficios para el país, pandillaje, drogadicción, delincuencia, etc., porque todos ellos son producto del sistema y sólo esperaríamos que el sistema cambie para que las cosas se reviertan como por arte de magia. Este es un razonamiento mecánico y anti dialéctico. El análisis concreto de la realidad concreta es uno de los principios básicos para, en base a ello, asumir en términos concretos y con responsabilidad nuestro rol en la sociedad, más cuando se está en un medio de comunicación.
La ira que despierta en nuestro eventual “adversario” de las lides del periodismo, es que nosotros, es decir Wari y La Calle, se han constituido en los referentes más importantes del periodismo en la región de Ayacucho, porque marcan la pauta informativa y de opinión sobre el acontecer local y regional y por cierto compartido con los pocos medios y periodistas que felizmente todavía existen y están en la misma línea nuestra. Cómo debe dolerles seguro expresiones de la población cuando se refieren a los dos medios: “ustedes son los únicos que defienden al pueblo, porque la mayoría se ha vendido a las autoridades”. Allí está la verdadera motivación de sus permanentes denuestos a los periodistas de la Casa de las Comunicaciones, y por ende a la autora de este artículo, porque neciamente creen que atacando al mensajero se puede destruir el mensaje, y el mensaje es claro desde la Casa de las Comunicaciones: darle voz a los que no tienen voz, defender los intereses comunes, exigir transparencia en el manejo de la cosa pública para salir del subdesarrollo, despertar el espíritu crítico de la población, acompañar al pueblo en sus luchas, con independencia del poder político y económico. En este trajín, claro se encuentran amigos, pero también “enemigos”, pues como dice un periodista “El buen periodismo siempre es y será incómodo a los gobiernos”, o “Un buen periodista siempre ocasionará conflicto con el poder”; y es, precisamente, incomodidad y conflicto que hemos generado con quienes detentan el poder en Ayacucho, con un ejercicio periodísico crítico y valiente, no pusilánime ni condescendiente cuando se deba defender causas justas o denunciar atropellos de las autoridades desde el cargo que ocupan, contrario sensu, los de allá han despertado alabanzas y elogios en el poder porque, también, las alabanzas y elogios son mutuos, razón por la que nuestro “adversario” toma como ejemplo actitudes de autoridades como la del Presidente de la corte ayacuchana para pretender desmerecer nuestra labor periodística; ¡qué pobre argumento y qué deleznable referente ha encontrado! frente a la contundencia de nuestro razonamiento plasmado en otro artículo, por eso no merece mayor comentario en éste. Y como no hay otra forma de desacreditarnos hasta recurren a reuniones oficiales a las que hemos concurrido y donde estuvieron cerca de 20 periodistas para buscar, sin resultados obvio, desmerecer nuestra independencia, con elucubraciones propias de una “mente brillante”. Entonces, en absoluto, es envidia nuestra, sino impotencia del otro lado frente al cariño, respeto y consideración de la población por la Casa de las Comunicaciones y sus periodistas, porque se ha fajado en defender los intereses del pueblo, hoy mismo se está batallando en temas delicados como el Hospital III-1 donde existiría en el expediente una probable sobrevaloración de millones y millones de nuevos soles, como lo afirmara el Decano del Colegio de Ingenieros de Ayacucho y con una autoridad, hoy por hoy, prófugo de la justicia. En fin, habrá otro momento para escribir respecto a la publicidad estatal porque ésta no debe comprar conciencias ni generar autocensuras, y eso lo hemos aprendido desde la cuna más allá que nos hayan, dizque, “enseñado” a pronunciar palabras como se vanagloria.
El buen periodismo, que siempre será incómodo a los gobiernos, está destinado a ser permanentemente perseguido por el poder, y una de las formas de perseguir, son las querellas, que para los periodistas de la Casa de las Comunicaciones son un galardón, pero no por eso, con la fuerza de la razón y la ley que están de lado nuestro, no se tenga que defender la libertad de expresión, porque en esas querellas están en juego la libertad de prensa, y ¡claro! para consagrarse en su condición de converso aparece en esta escena defendiendo a los gobernantes, pues ni principio le queda para defender al gremio periodístico.

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