Claro y directo (by A. Alvarez)

 

Áncash es una estampa más del Perú contemporáneo.

En medio del caos que asfixia a Áncash, una región administrada hoy por mafias que matan, está la buena noticia de que, gracias a que ya parece haber tocado piso –aunque siempre se puede seguir cayendo–, ha logrado colarse en la ‘agenda nacional’.

Esto no asegura, por cierto, la solución de sus problemas, que son graves, pero la notoriedad que estos han alcanzado posibilitará una atención de las instituciones de la capital que, probablemente, permita detener su avance y, quizá, que algunos mafiosos vayan a la cárcel, los cuales seguramente serán reemplazados en el futuro por otros mafiosos si es que ocurre lo más probable, es decir, que, al final, no pase nada.

Porque la cita de ayer en Chimbote no es poca cosa: una sesión de la comisión de fiscalización del Congreso amplificada por la concurrencia del Ministerio Público, la Contraloría General, y el MEF, y con un ojo puesto de los ministerios de Justicia e Interior así como de la Procuraduría Anticorrupción, entre otros, que coincidieron en que lo ocurrido en Áncash es un desmadre total que demanda una acción urgente.

Esto en medio del aumento notable de recursos para la región, usados sin control y con serias sospechas de corrupción ‘mayor de la normal’, el asesinato de una decena de críticos al presidente regional; sicarios, extorsiones, chantajes; compra de periodistas, chuponeo para espiar a rivales, oscuros intereses empresariales que se benefician del caos, fiscales y jueces vendidos, congresistas ídem, y otras autoridades de Lima haciéndose la vista gorda por conveniencia o desidia.

Cómo se llegó a esto es la pregunta que hoy muchos se hacen –aunque más importante ahora sea cómo salir–, y lo más probable es que obedezca a la falta de interés de un gobierno central que de nacional tiene poco pues su óptica es muy limeña, un Congreso sin capacidad de mirar más allá de la Plaza Bolívar, y una relativización de conceptos que fuera de Lima cobran otra dimensión.

Porque, por ejemplo, eso de que un asesor periodístico del presidente regional de Áncash, César Álvarez, trabaje en la Fiscalía de la Nación, y lo ayude a salir de los apuros en que se encuentra, parece surrealista, pero es, en realidad, una estampa del Perú contemporáneo en el que progreso y crecimiento económico coinciden con un severo atraso institucional, sin que esto parezca interesar mucho a muchos.

¿Áncash preocupa? Bueno, pues, en Amazonas aún no se han resuelto las muertes del vicepresidente regional, alcaldes y candidatos electorales, y corre el riesgo de ser tan o más insegura. ¿Le interesa a alguien eso? Parece que no, y que se asume que “esta es mi tierra, así es mi Perú”.

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