Venezuela

 

El Gobierno y la oposición de Venezuela se reunirán este martes en Caracas con el acompañamiento del embajador del Vaticano en Venezuela, que hará de mediador, y tres cancilleres de la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur). Se espera que la cita no sea televisada.

Es la segunda reunión entre las partes. La primera de ellas, celebrada el pasado jueves y transmitida a todo el país por orden del Gobierno, permitió ver la mutua antipatía que se profesan y lo que cada uno de ellos entiende por democracia. Mientras el Gobierno se escuda en la precaria mayoría obtenida hace un año para imponer un modelo de reminiscencias castristas, la oposición se resiste a ese plan y reclama un apego a la Constitución.

En las horas previas ambos bandos insistieron en sus estrategias. Mientras el Gobierno, fiel a su idea de conversar sin agenda previa, no ofreció detalles sobre el formato de la cita, la oposición esperaba avanzar en una metodología de trabajo y un listado de temas. Por vías distintas las partes esperan ponerle fin a las violentas protestas que han dejado 41 muertos y más de 600 heridos.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la coalición de partidos políticos opositores, tiene pensado llevar a la mesa una ley de amnistía para los presos políticos que permita además el regreso al país de todas aquellas personas que permanecen en el exilio. Esta es quizá una de las demandas en la que coincide toda la oposición, que por ahora luce separada entre la facción que es partidaria de dialogar con el chavismo y aquella que cree que ese gesto atornilla al presidente Nicolás Maduro en el poder.

La MUD ha planteado también el desarme de los grupos parapoliciales que actúan con la complicidad del Gobierno en los sectores populares y una comisión independiente que esclarezca los hechos de violencia acaecidos en poco más de dos meses de disturbios. Pero esta pretensión no sintoniza con las expectativas del Gobierno que plantea esas reuniones como espacios para contraponer modelos políticos. Maduro ha asegurado que no hay nada que negociar y propone impulsar programas de pacificación y desarrollo económico. La Agencia Venezolana de Noticias aseguraba que el chavismo espera tratar temas relacionados con la paz y la búsqueda de soluciones contra la criminalidad y bandas de narcotraficantes. Ese hermético criterio se corresponde con un principio establecido por Hugo Chávez en casi 14 años de mandato. Para él cualquier concesión a su proyecto político era vista como una capitulación entre cúpulas y una traición al electorado que les apoyaba.

Esas diferencias tan marcadas de intereses, quizás consustanciales a esta clase de eventos en los que reina la mutua desconfianza, llenan de dudas el camino hacia la estabilización del país. Está además el hecho muy prominente de que solo un ala de la oposición, precisamente aquella partidaria de capitalizar el descontento para enfrentar al chavismo en elecciones, se está sentado a la mesa con el Gobierno. Los líderes partidarios de mantener la presión en la calle para provocar una transición –la defenestrada diputada María Corina Machado y el dirigente de Voluntad Popular Leopoldo López, preso desde hace dos meses en la cárcel de Ramo Verde- no tienen representantes en el cónclave.

Los estudiantes universitarios opuestos al Gobierno son también los grandes ausentes de esta cita. Juan Requesens, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela, tampoco es partidario de participar de la mediación a menos que el Estado “ofrezca varias garantías”. Aunque no precisó qué tipo de garantías exige es posible que su petición tenga que ver con la dura represión que aún sufren las manifestaciones estudiantiles en Caracas y otras ciudades del país. Esa circunstancia, sin embargo, no ha amilanado a los jóvenes opositores. En un gesto inédito y que contradice el espíritu de juerga que caracteriza a los venezolanos, que suelen salir en tropel hacia la playa durante el asueto de Semana Santa, los estudiantes convocaron protestas bajo el lema “No te laves las manos con el país”.

En la víspera de la segunda reunión se reveló un estudio que indica cuánto interés ha generado en el país el diálogo entre las partes. Un estudio de Hinterlaces efectuado entre el 11 y el 13 de abril concluyó que siete de cada diez venezolanos vieron el debate en la televisión. El 34% consideró que la oposición triunfó en el primer asalto, mientras que 25% cree que el ganador fue el presidente Maduro. Un 10% cree que ambos bandos ganaron. El dato es especialmente significativo porque el dueño de la firma, Oscar Schemel, es un abierto simpatizante del Gobierno venezolano.

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