Estrategia o coincidencia.

¿Qué gana Francisco con la doble canonización papal?
Al santificar a representantes de dos posturas tan distintas de la Iglesia Católica, el papa argentino intenta unificarlas
¿Qué gana Francisco con la doble canonización papal?

Roma (La Nación de Argentina / GDA). La canonización de San Juan XXIII y San Juan Pablo II quedará en la historia como el “día de los cuatro papas”. Al frente estuvo Francisco, el pontífice del fin del mundo, que concelebró la ceremonia, junto con su antecesor, Benedicto XVI, el papa emérito.

Pero la canonización de dos papas tan distintos, considerados cada uno a su manera “hombres de Dios” y santos por la opinión pública, también quedará en la historia como una astuta decisión política de Francisco.

Al elevar al honor de los altares a Juan Pablo II, el “papa viajero” que visitó un centenar de países y, para muchos, hombre de posturas conservadoras, y a Juan XXIII, el “papa bueno” que modernizó el catolicismo con el Concilio Vaticano II, Francisco envía al mundo un mensaje de unidad entre dos maneras de ver la doctrina y el gobierno de la Iglesia, que marcan claras líneas divisorias entre conservadores y reformistas. Fue, en definitiva, una canonización para unificar y dejar atrás las luchas internas entre unos y otros.

Con su determinación, Francisco también recuerda al mundo que aún queda mucho del Concilio Vaticano II por poner en marcha, sobre todo en cuanto al gobierno colegial de la Iglesia y su descentralización, y a la importancia de la misericordia. No es casual que la fecha de la canonización coincida con el segundo domingo de Pascua, fiesta de la Divina Misericordia.

“La misericordia, elegida como programa de pontificado de los dos papas, es el común denominador de la canonización de dos figuras distantes en el tiempo y lejanas desde el punto de vista del recuerdo, ya que mientras todo el mundo recuerda a Juan Pablo II, sólo los más ancianos tienen memoria de Juan XXIII”, dijo a “La Nación”, Luigi Geninazzi, periodista del diario “Avvenire” que conoció de cerca a Karol Wojtyla.

Al principio, cuando trascendió que Juan Pablo II (1978-2005), un ídolo en su tierra, que hizo 104 viajes por el mundo y atrajo a la Iglesia a millones de jóvenes, iba a ser canonizado con otra persona, los polacos no lo tomaron bien, destacó Geninazzi.

“Les costó, pero después entendieron la enorme importancia y la sabia decisión de Francisco de querer enfrentar la santidad con una perspectiva histórica: Juan XXIII [1958-1963], el papa que abrió el Concilio Vaticano II, y Juan Pablo II, el papa que intentó realizar el Concilio lo más posible, llevando el mensaje del Evangelio a todo el mundo, después de la fase crítica y turbulenta de Pablo VI y el pos-Concilio”, explicó.

Fuera de esas coincidencias, la doble canonización es vista como una manera de equilibrar la figura de Juan Pablo II con la de Juan XXIII.

Más allá de los viajes, de haber sido el primero en pisar un templo judío y de descalzarse en una mezquita, el papa polaco es cada vez más percibido como un conservador en cuanto a la vida interna de la Iglesia.

“Canonizar a un papa puede dar lugar a divisiones en la Iglesia si se vuelve un intento de un sector de imponer su modelo de papado en el futuro, reforzando el legado de su papa favorito”, dijo el reverendo norteamericano Thomas Reese.

“La solución de Francisco es brillante, desde el momento que los dos papas son totalmente distintos y no canoniza ningún modo de ser papa. Lo deja libre de seguir su propio camino”, agregó.

El proceso de canonización de Juan Pablo II, el más rápido de los últimos 500 años, fue criticado por los sectores progresistas. “En la orgía mediática y en las emociones de masa de estos días, no es fácil comunicar la opinión contraria que se manifestó en la Iglesia desde el primer día, cuando los movimientos fundamentalistas pretendieron el «santo subito» para Juan Pablo II. Pero para nosotros es un deber de conciencia hablar una vez más en voz alta, es un deber ante todo hacia nuestra Iglesia”, dijo Vittorio Bellavite, representante del grupo progresista Nosotros somos Iglesia.

Bellavite reconoció como “méritos evangélicos e históricos” de Wojtyla el encuentro de Asís, en 1986, con las religiones de todo el mundo, el mea culpa de marzo de 2000 por los pecados de la Iglesia en la historia y su hostilidad contra la guerra.

“Pero en general constatamos grandes límites y errores, como la represión de los teólogos no alineados; las posiciones en materia de moral sexual; el rechazo a un verdadero debate sobre la condición de la mujer en la Iglesia y sobre el celibato eclesiástico, el silencio ante los abusos sexuales del clero sobre menores; la aceptación de estructuras financieras, como el Instituto de Obras Religiosas, a menudo cómplices de poderes oscuros y criminales; el abandono de cualquier paso en la dirección de la colegialidad episcopal; la designación de obispos casi todos de orientación conservadora; la condena de la Teología de la Liberación; la desconfianza hacia monseñor Oscar Romero (asesinado en El Salvador por denunciar los crímenes del régimen militar) y de los movimientos populares en América latina”, especificó Bellavite.

Francisco llegó al trono de Pedro cuando el proceso de canonización exprés de Juan Pablo II ya estaba prácticamente terminado. El proceso de Juan XXIII, beatificado por el papa polaco el 3 de septiembre de 2000, en cambio, se encontraba estancado. Y así como Benedicto XVI decidió no esperar los cinco años que, según las reglas, deben pasar luego de la muerte del candidato para que pueda abrirse el proceso de canonización, Francisco también optó por romper los esquemas.

En lo que se interpretó como una señal clara de su determinación a poner en marcha toda esa riqueza del Concilio Vaticano II que aún debe ser explotada, decidió canonizar a Roncalli pro gratia , es decir, en ausencia de un segundo milagro en su intercesión, que normalmente es necesario para llegar a ser santo. El primer milagro por el cual fue beatificado Juan XXIII fue la curación inexplicable de una monja italiana.

“Uniendo en una sola ceremonia a Juan XXIII y a Juan Pablo II, Francisco no se dejó enredar en un «matrimonio» complicado, sino que quiso subrayar ante los fieles de todo el mundo el espíritu dinámico propio de estos dos papas”, dijo Marco Politi, prestigioso vaticanista de Il Fatto Quotidiano.

“Francisco está convencido de que la Iglesia tiene que moverse, ir hacia adelante, dejando atrás estructuras fosilizadas y actitudes pastorales inquisitorias”,

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