Opinion de Fernando de Szyszlo.= By ana-

SIN REPOSO. Szyszlo se levanta a las siete de la mañana y pinta durante todo el día. Actualmente trabaja en tres exposiciones que presentará durante los próximos doce meses.

Nació en Lima el 5 de julio de 1925. Dejó sus estudios de arquitectura en la UNI para estudiar artes plásticas en la Universidad Católica. Expresidente de la Comisión Ejecutiva del Lugar de la Memoria. Es sobrino de Abraham Valdelomar.

Jóvenes y hermosos. En pequeños trajes de baño, Fernando de Szyszlo y José María Arguedas sonríen en las orillas del mar de Supe, allá al norte de Lima. Un mar en tonos sepia, como toda la foto que eternizó ese momento. Deben haber pasado más de 60 años desde entonces. Y así, en cada uno de los rincones de la hermosa casa que le diseñó su gran amigo Luis ‘Cartucho’ Miró Quesada, De Szyszlo ha atrapado de alguna manera esas chispas de plenitud que hoy le permiten decir que ha vivido intensamente. Que ha sido tan dichoso como desgraciado. Que a sus 89 años sigue luchando por encontrarse con ese “accidente” llamado felicidad. El artista plástico, el más reconocido de nuestro país, nos dejó entrar no sólo a la casa donde pasa los días pintando junto con su amada Lila, sino a su corazón. Ese corazón tan lleno de claroscuros, como su arte mismo. Ese corazón inmenso y rojo. En el mayor de los simbolismos.

El 5 de julio, apenas hace 20 días, ha cumplido años. ¿Los ha festejado, don Fernando?

Bueno, vinieron amigos “de todas las sangres”, de todos los niveles, de todas las profesiones, de todos los colores políticos. Amigos en todo el sentido de la palabra. No muchos, ah.

¿Los viejos amigos…?

Los viejos amigos, en realidad, han muerto. La gente de mi generación, casi toda ha muerto: (Sebastián) Salazar Bondy, (Jorge) Eielson, (Javier) Sologuren, Blanca (Varela)…

Los jóvenes celebran sus cumpleaños en las discotecas, bailan, beben… ¿Cómo se celebran 89 años?

Con lágrimas… (ríe). Con lágrimas, con nostalgia, con melancolía, con deseo de detener el tiempo, sabiendo que es una batalla perdida. Pero el arte es eso, ¿no es cierto? La vocación artística es tratar de sacar de la corriente inexorable del tiempo cosas que no mueran, cosas que permanezcan, que no sean como las otras, pasajeras, olvidables. Siempre digo: el primer acto plástico es el de los enamorados que graban sus nombres en la corteza de un árbol, porque esa es una manera de atrapar ese instante.

…Una lucha contra ese tiempo traicionero que, ha dicho usted, es parte de la tragedia de la naturaleza humana.

Sin duda, sin duda. La condición humana es mortal, perecedera pero al mismo tiempo el ser humano es capaz de concebir lo que no muere. Los animales viven el día, no tienen temor porque no tienen memoria y, como no tienen memoria, no tienen sensación del tiempo. Entonces, pueden vivir plenamente el momento. En cambio el ser humano siempre está agobiado por el pasado, aterrado por el futuro…

Según lo que me dice y si siempre estamos agobiados, la felicidad termina siendo una utopía.

Bueno, la felicidad es una cosa que en la vida de un ser humano se da por contraste. Es decir, hay unos momentos en los que uno se olvida de su circunstancia, vive plenamente un instante, una ilusión, una idea. Pero no dura eso. No dura, desgraciadamente…

Es un pedacito, un destello…

Sí… Es un accidente.

¿La felicidad es un accidente?

Sin duda, la felicidad es un accidente. Eso no quiere decir que nosotros no luchemos desesperadamente por conseguirla toda la vida. Yo lucho por testimoniar que estoy vivo, no quiero ser pasajero, quiero dejar algo. Es una ilusión, por supuesto, nada es permanente. Ni siquiera las obras de arte.

¿Le ha ocurrido en algún momento ese accidente? ¿Ha sido “accidentalmente feliz”?

Accidentalmente fui feliz, sí. He sido o soy feliz, porque soy capaz de ser feliz a los 89 años, en vísperas de partir… (ríe) Es una fantasía increíble creer que uno puede ser feliz. Uno puede tratar de ser feliz, tratar de hacer duraderas las relaciones humanas, las relaciones amorosas, pero es una ilusión conseguirlo.

Ha dicho que tiene muy buena memoria. Pero una memoria prodigiosa puede ser una bendición y una tragedia también.

Claro… Es lo que los gringos llaman un “double blessing”. Es una bendición y es una maldición. Para mí es una bendición. Todo lo que tengo dentro de mí, de poesía, de música, de arte… He vivido con intensidad: he sido feliz y he sido desgraciado. Me han pasado cosas terribles, como la muerte de mi hijo, pero me han pasado también cosas maravillosas y el balance es positivo aún las desgracias, aún las derrotas.(Jorge Luis) Borges dice: “hay una grandeza en la derrota que el vencedor no conoce”. Así es…

Y en este desván imaginario de su memoria prodigiosa, ¿cuál es el recuerdo más nítido, el que está más cerca de esa puerta imaginaria que nos permitiría ingresar?

Sin duda la muerte de mi hijo. La más terrible cosa que me ha pasado (Lorenzo, uno de sus hijos murió en un accidente aéreo, en 1996). Pero me han pasado tantas cosas maravillosas también. Ufff… He conocido gente maravillosa. La vida ha sido tan generosa que me ha puesto en frente a personas como Octavio Paz, gente fuera de lo común, con un sentido de la belleza, de la poesía, gente llena de lucidez.

Tiene una fijación, una obsesión con el tema de la muerte. ¿Esto es una consecuencia de la pérdida de su hijo Lorenzo?

No, siempre la he tenido. Toda mi vida he tenido conciencia de eso, de mi situación perecedera, de mi condición humana, de mi drama personal que es la vida. Eso tiene mucho que ver con una vocación de artista, que es gente que no es superior ni inferior, pero simplemente puede ser que es gente que tiene la piel más delgada, que sufre más los dolores y goza más las alegrías o los momentos de plenitud. Eso está ligado profundamente con mi propia vida.

Por ello, la muerte, las sombras, lo oscuro, son parte recurrente de sus pinturas también…

Claro… (sonríe) Y lo inexplicable, lo sagrado. Yo no soy una persona que tenga religión, no creo en nada (ríe). Pero sí creo que hay cosas que no comprendo. Soy modesto en relación con el mundo. Hay cosas que no me explico, que son sagradas: la relación amorosa, la relación sexual, la sensación que me produce la música, la poesía, o la pintura. Son cosas que salen del ámbito de lo material y entran a un ámbito de lo misterioso sobre lo cual no tengo explicación.

Dicen que la energía no se destruye, sólo se transforma. ¿Piensa en esa idea, de alguna manera, cuando recuerda a Lorenzo?

Desgraciadamente, estoy seguro que no está en ninguna parte, que desapareció. Es decir que las cenizas que echamos en Barranco… eso es todo lo que queda de Lorenzo. Somos pasajeros en todo el sentido de la palabra. Un momento nacemos, en otro tiempo morimos. Esa es la suprema justicia, el supremo premio, el supremo castigo que tenemos: Desaparecer…

Ha contado que hasta ahora no ha superado la muerte de Lorenzo. Dicen que esto ocurre sobre todo cuando un ser querido muere intempestivamente y uno no tiene oportunidad de despedirse…

No, porque hay amigos que se han muerto, que me ha dolido mucho, que los he visto morirse enfermos y tampoco lo he superado… Yo tenía un grupo de amigos con los cuales almorzábamos desde hace 26 años todos los jueves. Cuatro de ellos han muerto ya y yo le decía el otro día a uno de ellos: “Lo terrible es que el que se muere ya cesó, en cambio los que se quedan vivos se quedan sufriendo, se quedan con dolor”. En ese sentido, la muerte de un amigo es una traición que ese amigo nos hace. ¡Él no debería haberse muerto! ¡Lorenzo no se debería haber muerto! Hay un flujo de amor que se queda sin destino…

Un flujo de amor que de pronto no sabes dónde depositarlo…

¡Exacto! A dónde va, sí…

¿Y qué siente su corazón cuando piensa en el Perú? ¿Se encoge de tristeza o se hincha de alegría?

No… me lleno de preguntas, de inquietudes, de temores, de optimismo y de ilusiones. Es decir, todo junto, ¿no? Vivir acá es vivir en una angustia permanente, pero a la vez tener la sensación de que puede ser, de que puede llegar, que puede crecer, que puede ser grande, que puede no haber analfabetos, que puede la gente interesarse un día por el mundo del arte y la cultura…

Hoy (miércoles) declararon Doctor Honoris Causa a su amigo Mario Vargas Llosa en una universidad de Lisboa y él ha dicho que “la literatura es un arma para combatir los demonios de las sociedades”. ¿Qué demonios tiene nuestra sociedad? ¿Qué demonios tiene el Perú?

¡Qué demonios no tiene! Yo creo que el demonio más terrible que tenemos es la falta de educación.

La educación es lo que te abre las puertas a los grandes espacios, a los grandes horizontes.

Desgraciadamente el Perú hace tiempo que está así, pero ahora todo occidente está volviendo a ese mundo en que la gente ha dejado de tener profundidad. Se ha vuelto frívola, se ha vuelto banal. Lo único que le interesa son las noticias policiales, el fútbol enloquece a la gente… ¡Todo lo que hemos perdido! Usted es muy joven, no sabe lo que era ser joven cuando yo era joven. Por ejemplo, ahora, el amor o el sexo es un simple ejercicio gimnástico, algo que no tiene mayor gravedad…

¿Ve usted televisión?

Yo veo películas. En eso sí nos hemos enriquecido, porque en Polvos Azules se consigue cine maravilloso. Yo tengo todo, todas las películas de (Ingmar) Bergman, de (Bernardo) Bertolucci, de (Federico) Fellini… Todas las tengo. El día que me provoca volver a ver Y la Nave va o La dolce vita, no tengo más que sacarlo y ponerlo, y volverla a ver. En eso sí nos hemos enriquecido. Pero eso no quiere decir que la sociedad actual no nos empobrezca a una velocidad increíble. Hace 20 años un programa de los domingos era sobre política. Ahora, los programas de los domingos son sobre notas policiales: quién ha violado, quién ha robado, quién ha asesinado… Eso no era antes así. Pero yo creo que esto es pasajero…

Confía en que va a cambiar.

Que va a cambiar, sí . La humanidad siempre ha tenido ese movimiento ondulatorio. Dalí decía una cosa muy buena: Moda es lo que pasa de moda. O sea… lo que está de moda, se va. Lo que no se va es lo bueno. (Gustavo Adolfo) Bécquer no va a pasar de moda ni (James) Joyce o (Marcel) Proust.
Su amigo José María Arguedas nos hablaba de este concepto de “todas las sangres” hace 50 años ya. Que todos somos un poquito de todo…

!…Sobre todo nosotros, los peruanos!

Pues pareciera que seguimos sin comprenderlo, ¿no? ¿Cómo explica usted el racismo que subsiste?

El sentirse superior es una manera de cubrir nuestras debilidades y nuestra inseguridad. Es decir, siempre hay alguien a quien despreciar o alguien que no desprecia. El otro día le decía a un amigo que me hablaba de “cholos”… Yo le decía “cholos para ti, y nosotros para los ingleses somos mestizos que prefieren que no vayamos”. El racismo es una manera de cubrir inseguridades, o si no cubrir grandes errores. En política se dice: Siempre se es el comunista de alguien o el fachista de alguien, porque siempre hay alguien que está a tu izquierda o a tu derecha, y eso te hace sentir a ti mejor…

Estamos a 7 años del Bicentenario, de que se cumplan 200 años de nuestra independencia…

Qué decirle… Yo no voy a estar, pero espero… En eso sí soy optimista. Y yo espero que este camino que hemos tomado ya sea irreversible. La clase media ha crecido, la clase que era la clase C ha tomado conciencia de que puede crecer, desarrollarse, tener cosas. Y entonces, eso es incontenible, ya la política no lo puede detener. El impulso que tiene la clase media por mejorar, por tener más derechos, por tener más cosas, por vivir mejor…

Es optimista con el presente y el futuro del Perú.

Con el presente, menos. Con el presente siempre tengo mis dudas, mis angustias. Pero con el futuro soy totalmente optimista y en eso he cambiado en estos últimos 15 años, que hemos dado el gran paso.

¿Cuál es ese camino irreversible del que me habla, hacia dónde vamos?

Hacia el desarrollo. Que no haya miseria, que no haya pobres, que todo el mundo tenga derechos, que no haya ciudadanos de segunda clase. Pero lo primero que tenemos que mejorar es la educación.

Dijo el 2011 que se cortaría la mano antes de votar por Keiko Fujimori…

¡Ah, y lo repito!

Pero también dijo que no le creía a Ollanta Humala.

Por el Ollanta que era candidato, nunca hubiera votado.

Vargas Llosa ha dicho que no se equivocó al respaldar a Humala. ¿Qué piensa usted?

Yo creo que en esa elección, sin duda no se equivocó. Lo peor que nos hubiera pasado hubiera sido que la cleptocracia volviera al poder. No se equivocó. Ahora, es un camino que ha resultado muy complicado y muy lleno de avatares… Pero no se equivocó, sin duda.

¿Nos ha sucedido algo bueno gracias a este gobieno?

Me parece muy bien lo de la ley del aborto terapéutico. Es un primer paso hacia el respeto del derecho de las mujeres a escoger qué cosa quieren hacer con su cuerpo. Eso me parece totalmente encomiable y estoy totalmente de acuerdo. Me parece inaceptable que el jefe de una manera de pensar religiosa trate de imponer su pensamiento a los ciudadanos de una república laica como esta, y que mueva cielo y tierra para sacar adelante una manera de pensar privada…

¿Debió aprobarse la Unión Civil de los homosexuales?

Absolutamente. Las preferencias sexuales de cada quien son respetables, son inherentes a la libertad individual. Yo espero que salga ese proyecto de ley, aunque solo sería un primer paso. Cómo voy a estar en contra si he tenido muchos amigos que he querido mucho y que eran homosexuales: Jorge Eielson, César Moro, gente valiosa que ha hecho mucho por la cultura en el Perú. No, en eso soy totalmente liberal, totalmente de mi tiempo.

Mucha gente anda molesta con el cardenal Cipriani últimamente…

No es la persona más popular… El cardenal calificó a los derechos humanos de “una cojudez”, con la vulgaridad que a veces tiene en su lenguaje, y nunca ha hablado de la pedofilia. Me alegro que este Papa haya corregido esa hipocresía de tapar lo que ha pasado y que se atreva a hablar del fin del celibato para los sacerdotes. Aunque creo que son una raza en vías de extinción.

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