Por Augusto Alvarez Rodrich

 

La gran oportunidad de este mensaje presidencial.

No habiendo sido los discursos los momentos estelares en lo que va de su presidencia de tres años, Ollanta Humala no debiera desaprovechar el de mañana al país, a través del Congreso, como la oportunidad de ofrecer un mensaje realista y a la vez estimulante del último par de años de su gobierno, en los que confluirán estos problemas:

1. Desorden institucional. La manera como Palacio manejó la candidatura de Ana María Solórzano a la presidencia del Congreso evidenció torpeza e impericia, fracturando su bancada. Esto debilitará su capacidad de interactuar con un Legislativo en el que hay un zafarrancho expresado, por ejemplo, en agrupaciones que tuvieron candidatos en ambas listas a la Mesa Directiva, evidencia que este será un territorio comanche en el que todo puede pasar.

2. Desborde de la corrupción. Los últimos meses han traído noticias lamentables de corrupción que han puesto a algunas autoridades en la cárcel, como en el ámbito regional, en el que hay cuatro presidentes presos y uno prófugo. Eso está bien, pero también es cierto que puede ser una respuesta de los organismos de justicia y control –como el Ministerio Público, el Poder Judicial, el Congreso o la Policía, entre otros– que están siendo cuestionados porque también están infiltrados por elementos mafiosos que mueven sus principales decisiones. El caso Orellana no es poca cosa y, si se profundiza la investigación, sus revelaciones van a remecer al país,

3. Elecciones peligrosas. La corrupción va a ser una gasolina crucial de una elección regional/municipal en la que, sin capacidad real de controlar cien mil hojas de vida de los postulantes, el resultado previsible es que las mafias que pululan por el país –minería y tala ilegal, narcotráficos, los orellanas que andan por todos lados, etc.– van a tener una representación política más grande que la que hoy tienen.

4. Inseguridad ciudadana. Hoy hay un ministro del Interior para dar ‘sensación’ de que se combate a la delincuencia, pero el problema de inseguridad es muy grave y se requiere mucho más que solo gestos.

5. Enfriamiento económico. Frente al cual se ha dado un conjunto de paquetes correctos que hoy requieren proyectar mensajes correctos al ciudadano y a la inversión.

6. Volar bajo. El respaldo al presidente Humala ha caído hasta los bajos veintes y por ahí se quedará, por lo que deberá aprender a moverse en un contexto hostil y donde la oposición tendrá, a medida que se acerca el 2016, un protagonismo creciente.

Ojalá que este mensaje presidencial ofrezca luces sobre qué hará el gobierno en su cuarto año, que será el último en el que podrá operar a plena capacidad operativa pues, en el siguiente, ya será un pato rengo.

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