Opinion

 

En México se ha promulgado hace poco una Ley Energética que cambia radicalmente el escenario. El cambio más radical es que se elimina el monopolio de Petróleos Mexicanos (PEMEX) en la exploración y explotación de petróleo. Ahora, las empresas privadas también podrán realizar estas actividades, lo que no podían hacer antes porque así lo determinaba el Artículo 27 Constitucional, dado por el Presidente Lázaro Cárdenas en 1938.

Pero eso no significa que el Estado mexicano haya decidido privatizar PEMEX. Lo que está planteado es que PEMEX compita con las empresas privadas. Para ello, acaba de terminar la llamada “Ronda Cero”, donde PEMEX ha escogido –a dedo– los yacimientos que, a su parecer, tienen la mejor filiación petrolífera. El saldo será licitado internacionalmente en los próximos meses.

El punto de partida de la reforma energética ha estado marcado por la insostenibilidad del régimen de recaudación tributaria en México. La presión tributaria (sin incluir los “derechos del petróleo”) es 14% del PBI, mucho menor que el promedio de América Latina, que es del 20%. Incluso el Perú supera a México ya que estamos en algo más de 16% del PBI.

Pero los llamados “ingresos petroleros no tributarios” en México son enormes y constituyen otro 6% del PBI. ¿Y de dónde vienen? Pues vienen de PEMEX, ya que la empresa estatal tiene que pagar una serie de “derechos” al Estado. Así, en el 2012 los “derechos” pagados por PEMEX Exploración y Producción fueron US$ 70,000 millones, es decir, el 69% del total de sus ingresos ese mismo año. Sí, el 69%.

Esos US$ 70,000 millones representaron el 38% del total de Ingresos del Presupuesto mexicano en el 2012. Sí, el 38%.

Esos US$ 70,000 millones fueron el 93% de la Utilidad de Operación de PEMEX. Con ese régimen, entonces, queda claro que se estaba matando a la vaca lechera. Cuando se llega a la contabilización de la Utilidad Neta, vemos que PEMEX tuvo pérdidas por US$ 9,000 millones en el 2012.

Y, claro, si tiene pérdidas (contables) no puede invertir las cantidades necesarias para encontrar nuevas reservas. Por tanto, el declive de la producción no solo amenazaba a PEMEX, sino al propio régimen fiscal de México.

Durante muchos años se evitó en México una reforma tributaria integral –para que se aumenten los impuestos directos y tributen los que más tienen–, que eleve la presión tributaria. Con el nuevo gobierno, se ha emprendido no solo la reforma energética sino también una reforma tributaria para aumentar los impuestos directos e indirectos. Según estadísticas recientes, los “ingresos tributarios no petroleros” (así se les llama) han aumentado entre 10 y 15% en relación con el año pasado.
Lo que, sin embargo, todavía no alcanza para tener ingresos tributarios parecidos al promedio de América Latina.

La pregunta central aquí es la siguiente: ¿es que ahora entonces PEMEX tendrá el mismo régimen legal y tributario que las empresas privadas? ¿O es que seguirá pagando los “derechos” que hasta ahora financian el 38% del Presupuesto? Eso aún no está definido. Pero lo más probable es que PEMEX siga financiando al fisco, mientras llegan los ingresos provenientes de la apertura. Lo que va a tomar por lo menos 5 años (hasta que entren en producción los primeros pozos petroleros).

Lo que sí debe tomarse en cuenta es que la apertura mexicana atraerá una buena cantidad de capitales. Por varias razones, una de ellas es la buena calidad de sus prospectos petrolíferos. Otra tiene que ver con el régimen tributario para las nuevas inversiones, afirmándose que estará cercano a los estándares internacionales. Una tercera es la cercanía a Estados Unidos, donde ya se preparan para el “desembarco”. Esto tendrá también consecuencias para las inversiones petroleras en toda la Región, pues habrá ahora una “nueva” plaza a la cual éstas podrán dirigirse.

Es interesante apreciar aquí la reacción del empresariado colombiano, que en el diario financiero “LR” ha dicho lo siguiente: “Sin duda alguna la reforma mexicana es un revolcón que traerá cambios estructurales en términos de inversión en América Latina y Colombia. Pero también es una oportunidad para la misma Ecopetrol que está en capacidad de hacer inversiones fuera de Colombia, lo que supondrá verdaderamente entrar en las grandes ligas” (Editorial, Petroleras a ritmo de Mariachis, 12/08/14).

Da envidia sana apreciar cómo el empresariado colombiano impulsa a su estatal petrolera. La sienten suya. Hay consenso acerca de su rol. En México, la apertura no ha implicado la liquidación de PEMEX, sino la puesta en marcha de cambios estratégicos en sus objetivos (los resultados aún están por verse).

Qué diferencia con nuestro país, único de la Región donde todavía vive el Consenso de Washington. Petroperú implementa un proyecto de modernización de Talara de talla mundial y que no tiene cuestionamiento alguno, lo que habría que aplaudir. Pero no. El Ministerio de Economía, que acepta Talara contra su voluntad, se encarga luego de maniatarla con la Ley 30130 para que solo siga siendo “refinoperú”. Esperemos que no por mucho mas tiempo y que, más temprano que tarde, nos pongamos al día con el sentido común mayoritario en la Región sobre las estatales petroleras.

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