Opinion de Rolando Arellano

 

Rolando Arellano,Sobre los comicios
La democracia es un proceso de aprendizaje que nunca termina, dicen los especialistas, y eso es lo que se evidencia en el Perú desde hace ya más de dos décadas que venimos eligiendo a nuestras autoridades de manera libre. Aunque hemos tenido tropezones y malas experiencias, no podemos negar que los resultados han sido mucho mejores que los que tuvo el país en sus épocas de dictadura.

Así, podríamos responder a la pregunta que nos pone Perú21 de definir cómo somos los peruanos como electores resumiéndolo en cuatro características en tiempo presente: desorientados, solitarios, desconfiados e inexpertos; y en una característica en futuro: aprendiendo. Veamos.

Desorientados.- La mayoría de electores no sabemos cuál es el sentido de la elección que hacemos. Ciertamente estamos votando por alguien que dirigirá una institución que conocemos, pero con la cual no nos identificamos. La mayoría no pensamos que estamos eligiendo a un administrador de nuestras propiedades, sino creemos que elegimos a alguien que se encargará de velar por los bienes de una colectividad con la que tenemos una relación lejana. Si pensáramos que se trata de algo nuestro y no de terceros, no diríamos tranquilamente “robó, pero hizo obra”, sino que no dejaríamos que nos roben, aunque hagan obra. Y por cierto, si pensáramos así no iríamos a votar solo por la obligación o la multa, sino porque nos interesa salvaguardar nuestro bienestar y el de nuestra familia.

Solitarios.- Lo anterior tiene que ver con que la mayoría no tenemos una buena relación con la ciudad o región en la que votamos. Ello en gran parte porque en nuestra vida diaria hemos crecido casi exclusivamente gracias al esfuerzo individual o familiar y muy raramente grupal. Cuando llegamos a las ciudades, nosotros o nuestros padres, perdimos los lazos tradicionales de nuestros pueblos y debimos trabajar solos para enfrentar al gran monstruo citadino. Con ese esfuerzo solitario, manejando más rápido nuestra combi para ganarle pasajeros al otro, pudimos sobrevivir, por lo que ahora no entendemos la ventaja de cooperar y caminar juntos. Por eso preferimos elegir solo a candidatos muy cercanos y parecidos a nosotros. No tomamos en cuenta, por ejemplo, a los partidos nacionales que representan una colectividad mayor que no conocemos o que nos es hostil.

Desconfiados.- Por encima de ello, los que votaremos hemos sido bombardeados recientemente por imágenes de autoridades corruptas, de escándalos y de comportamientos reprobables de los políticos actuales y potenciales. De ello se han encargado, por cierto, muchos medios de comunicación que se han esmerado por mostrar el lado malo de los candidatos, llenando páginas de páginas y muchas horas de emisión con los malos ejemplos que encontraban. Nunca, o de manera excepcional, han mostrado autoridades de buen comportamiento y queridas por su gente, que las hay y muchas.

Pero de esa mala imagen también se han encargado los propios candidatos, que no han vacilado en atacar a sus competidores con insultos y acusaciones, sin darse cuenta de que parte de la basura que tiraban también se quedaba en ellos. Por ello votamos sin esperanza, pensando que cualquiera que sea la opción elegida no es la más conveniente. Votamos pensando en elegir al mal menor y no al que realmente más nos conviene.

Inexpertos.- En cualquier país con tradición democrática lo usual es que desde la escuela primaria la gente aprenda cómo funciona la democracia. Se elige al presidente de la clase de kindergarten, al del primer año, al presidente de la primaria y luego al de la secundaria. Con ello llegan a la adultez sabiendo que existen candidatos que ofrecen y no cumplen y que hay que elegir solamente a quienes mantienen sus promesas. Por el contrario, la mayoría de ciudadanos que votaremos somos personas a las cuales esta será la primera vez en la vida que participamos en un sufragio, y que, por tanto, sin ninguna experiencia debemos elegir ya a las grandes autoridades de su ciudad o de su región. No sabemos qué tomar en cuenta para elegir, más allá del letrero en la calle con la promesa sin sentido.

Es justamente en esta última característica donde creemos que se encuentra el primer paso a la solución de las anteriormente señaladas. Todos comenzamos en la vida siendo inexpertos y la repetición de errores nos ha enseñado a actuar mejor. Por ello, solamente ejerciendo año tras año nuestra libertad de elegir y entendiendo que si nos equivocamos afectamos el bienestar de la comunidad y de nuestras familias, aprenderemos cada vez a elegir mejor. Es un aprendizaje difícil pero necesario.

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