Humala.

CARLOS UNIVAZO

Que la ‘mundialitis’ es una fiebre que no respeta condición social lo prueba el Presidente Humala regalándole al Papa la camiseta de la selección. No sé si fue buena idea, ya sabemos que el Sumo Pontífice es de San Lorenzo y la primera sensación que debe haber tenido es que le estaban dando una de River, y encima medio rara, por lo que el que se la ponga reúne las mismas posibilidades que tiene Fano de hacer dupla con Guerrero en la Copa América. Ahora, del asombro pasé al estupor cuando vi el ruego que acompañaba al pequeño ‘presente’ pelotero: una ayudita espiritual para llegar al mundial. Ni Burga. Él va y pide por su salud nomás, para quedarse 30 años más.

Bueno, el Papa, muy confundido, le debe haber preguntado de inmediato a sus asesores “¿de qué federación son estos?”. Luego debe haber quedado más deprimido que Uribe cuando ve a Montaño sacarse el polo en los entrenamientos, pues no primó un pedido de bendición, por ejemplo, para los damnificados de Pisco o a la Teletón, sino virtualmente un ‘repotenciamiento divino’ a Pizarro y el ‘Loco’ Vargas para que nos hagan el milagrito. El mundial es aquí una obsesión de masas, nadie mejor para graficarla entonces que quien personifica a la Nación. Así estamos.

La ‘mundialitis’ la sufren todos, hasta quienes creen inclusive, no padecerla. Decir por ejemplo que no necesitamos un entrenador presentable porque igualito no vamos a ir a Rusia 2018, es un caso frecuente de ‘mundialitis terminal’, pues significa que solo hay que contratarlo cuando tengamos chances de ir, no para superarnos. O sea, técnico A-1 solo para pelear un mundial, por ahora con uno de 3 pesos nos bastaría “porque somos malos, pues”. Ambicioso, ¿no?. Claro, para qué la FPF va a gastar su platita, que no es poca? Mejor hay que cuidarle los bolsillos como si su ahorro fuera nuestro progreso. ¿O lo es? Ya estoy dudando.

‘El mundial, el mundial…’, todo por él, nada vale sin él. Humala hizo bien. Lo malo es que el Papa vigente entiende perfecto el castellano. La mirada de misericordia infinita que nos debe haber echado.

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