La Santa de Avila (remembranzas y nostalgias.)

SANTA TERESA DE JESÚS V centenario

Entre el cielo y la tierra

  • El mundo de la cultura celebra el 500 aniversario del nacimiento de la santa de Ávila con la publicación de una novela y la recuperación de varias biografías y de las obras de la primera mujer doctora de la Iglesia

ÁNGEL VIVAS

“A Santa Teresa se le han adherido imposturas, lacras y tonterías”. Lo dice el novelista e investigador (y sacerdote) Jesús Sánchez Adalid, después de soltar algo parecido a un bufido, cuando se le recuerda aquello de que Franco -eso se decía- guardaba el brazo incorrupto de la santa. Esa historia es la mejor muestra del modo en que se ha simplificado a un personaje mucho más complejo, rico e interesante, alguien que rompe las costuras. “Tenemos una capacidad para destruir nuestra grandeza…”, se lamenta Sánchez Adalid. “Santa Teresa”, añade, entrando en materia y dejando atrás el conato de indignación, “es el personaje español más universal junto con Cervantes, es una figura de una riqueza inmensa, sin la que no se entiende el Siglo de Oro. Es intrépida, original, diferente, rompedora, tiene un enorme encanto para una novela”.

Esto último lo dice con total conocimiento de causa. Sánchez Adalid, exitoso autor de novela histórica en cuyo currículo destacan títulos como ‘El mozárabe’, ‘El caballero de Alcántara’ o ‘Treinta doblones de oro’, ganador de premios como el Fernando Lara o el Alfonso X el Sabio, acaba de publicar ‘Y de repente, Teresa’ (Ediciones B), que la comisión del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, que se cumple este 2015, considera la novela oficial de dicho centenario.

Sánchez Adalid ha querido situar a Teresa de Jesús en su siglo (y no está de más recordar que, en términos religiosos, el siglo es también el mundo, lo exterior al convento), ese siglo XVI que no se entiende sin ella. Y que tampoco se entiende sin la omnipresente Inquisición. “Mi novela”, explica Sánchez Adalid, “trata de los inquisidores españoles del siglo XVI; es una mirada a Santa Teresa desde el ojo de los inquisidores. Esa perspectiva me parece más novelesca, más agradable para los lectores. Biografías de Santa Teresa hay muchas, pero que estuvo en el punto de mira de los inquisidores y a punto de ir a la cárcel, es algo desconocido, por lo menos para mí”.

“Hay documentos clarísimos”, prosigue Sánchez Adalid acerca de esa vigilancia de la Inquisición sobre la mística, “palabras escritas al margen de sus escritos del tipo váyase con tiento. El padre Jerónimo Gracián, colaborador de Teresa en la refundación del Carmelo, se encontró con las mulas de la Inquisición en las puertas del convento de Santa Teresa”.

De mitos y verdades

Más allá de leyendas piadosas o chuscas, como lo del brazo incorrupto a la vera del dictador, Jesús Sánchez Adalid ha querido, son sus palabras, “insertar a Santa Teresa en su realidad”. Y su realidad fue un tiempo en que la herejía soplaba con fuerza sobre Europa, llegando a salpicar a una España que quiso convertirse en martillo de herejes, con la Inquisición empuñando el martillo. Una Inquisición que visiones recientes presentan alejada de la leyenda negra, como un tribunal sometido a sus propias reglas.

“Juzgamos a la Inquisición desde una visión muy encorsetada por mitos y tópicos”, explica el escritor. “Fue muy rígida y hubo muchos inquisidores que aprovecharon para medrar. Con los ojos de hoy no se la puede juzgar como algo bueno. Muchos inquisidores querían saber la verdad, encontrar la pureza de la religión. Luego está el aspecto coercitivo. Fue un sistema de poder”.

“El problema es la simplificación, porque todo es muy complejo”, añade. “La investigación de la novela, en la que me he quemado los ojos, me ha supuesto muchos descubrimientos. Hay lados muy oscuros en la Inquisición que yo no comprendo, como el hecho de que, si los inquisidores no condenan, no comen, ya que los bienes de los condenados son para ellos. No fue algo bueno; la crítica ya se daba entonces y no hay que rehabilitarla. Pero querían saber qué había detrás de los predicadores y líderes religiosos. Querían saberlo y encontraron muchos farsantes”.

Y es que esos predicadores y líderes religiosos, a menudo farsantes, son otra cara de la compleja espiritualidad de la época compuesta por herejes, místicos y visiones. Y éstas resultaban sospechosas. Incluidas las de la muy inteligente Santa Teresa. ¿Cómo distinguir el grano de la paja? Casi se compadece a los inquisidores que tenían que hacerlo. En la novela de Sánchez Adalid tienen gran importancia -porque, históricamente, la tuvieron- los alumbrados. El escritor, que no elude alguna entristecida referencia a los recientes escándalos sexuales dentro de la Iglesia, los trata con dureza.

“El alumbradismo es una corriente desviada y depravada absolutamente, una secta”, sentencia. “Como Dios es amor, en el amor cabe todo. Los alumbrados, que son personajes curiosísimos, captaban a muchas mujeres y hacían de su capa un sayo. Abrazaban a la que se ponía a mano. Eran líderes de comunidades. Su actividad afectaba a la parte doctrinal y a la pureza de las costumbres. He leído muchísimos documentos de la Inquisición, serios, comprobados, y estoy asombrado. Eran gurús, al estilo de Sai Babá. A Melchor Cano, por ejemplo, le parecían más peligrosos los alumbrados que los erasmistas”.

“El siglo XVI es más que el imperio de Carlos V y Felipe II”, añade Sánchez Adalid sobre ese río revuelto de herejes sinceros que buscaban una religiosidad mejor, místicos que rozaban el límite de la ortodoxia, y aprovechados que iban a lo suyo. “Olvidamos que para quienes lo vivieron fue una época de pánico. El arzobispo Carranza y Fray Luis están en la cárcel; Europa, desde el punto de vista católico, cayendo en la herejía. Había mucho miedo en la sociedad, todo lo que le rodeaba a uno era sospechoso”. “Tiempos recios”, que dijo la propia Teresa.

Es en ese mundo en el que, como dice el título de la novela, “de repente, Teresa”. Los inquisidores están en guardia porque, a todo lo dicho, había que añadir los casos de ciertas visionarias como Francisca de los Apóstoles o Magdalena de la Cruz, embaucadoras con las que a veces la compararon y cuyo (mal) ejemplo la persiguió como una sombra oscura.

La misteriosa Santa

Pero Teresa fue otra cosa muy distinta. “Siempre se ha sospechado del misticismo, porque es muy manipulable”, explica Sánchez Adalid. “Ella, sin embargo, lo explica todo muy bien y eso la salvó. Ella habla de las potencias interiores. No dice que sea una privilegiada que ve lo que no ven los demás, sino que tiene una intuición a nivel profundo. No quiere aparecer como santa”.

Santa Teresa, además, fue una mujer de acción, “una reformadora que ve que el sistema en el que había crecido no era válido; es de su época, pero mira a otro mundo”. Y el mundo futuro le dio la razón. Como recuerda Sánchez Adalid, Santa Teresa inspira la fenomenología de Husserl, inspira a la filósofa y mística contemporánea Edith Stein, asesinada en Auschwitz y patrona de Europa. Cioran fue otro admirador confeso de Teresa de Ávila y el mundo judío la considera patrimonio propio.

Y fue, desde luego, una intelectual. “El Libro de las moradas es el primer psicoanálisis“, sostiene Sánchez Adalid. “Es un tratado espiritual en el que ella llama alma a lo que nosotros llamamos mente; los místicos lo explican a nivel de la intuición. Y su Libro de la vida es la primera autobiografía; aunque las Confesiones de San Agustín constituyan un precedente, son otra cosa. Se atrevió a escribir un comentario al Cantar de los cantares, que conservamos porque lo recogió la Inquisición”.

Y, en fin, el carácter feminista de su conducta parece indiscutible. “Desde el presente, su vida y sus escritos constituyen una permanente defensa del derecho de la mujer a pensar por sí misma y a tomar decisiones”, como escribe Sánchez Adalid en un epílogo de su libro.

V centenario

Visto todo esto, es de esperar que las múltiples actividades del V Centenario teresiano ayuden a quitar la hojarasca que recubre su figura y nos acerquen a la verdadera, compleja y atractiva Teresa de Ávila. Y eso es lo que espera Jesús Sánchez Adalid, para quien “el fenómeno religioso, el proceso místico, es Patrimonio de la Humanidad”.

Medios no van a faltar: exposiciones, congresos, publicaciones… tal vez una visita del propio Papa Francisco. Entre las publicaciones, destacan, además de la novela de Sánchez Adalid, el curioso doblete que hace Lumen: sacan por un lado el ‘Libro de la vida’, y por otro, la novela ‘Malas palabras’, de Cristina Morales, que es algo así como el reverso luminoso del ‘Libro de la vida’, lo que Teresa hubiera podido escribir libre de presiones. Algaba reedita, al calor del centenario y del premio Príncipe de Asturias recibido por su autor, Joseph Pérez, Teresa de Ávila y la España de su tiempo.

La Fundación Universitaria Española organizó hace ya unos meses un seminario sobre su figura y ha publicado las actas con el título de Santa Teresa al habla con el hombre de hoy, a cargo de la directora del seminario, Lydia Jiménez. La editorial Vaso Roto ha recuperado una biografía, ‘Teresa de Ávila’, que la irlandesa enamorada de España (fue institutriz de José María de Areilza) Kate O’Brien publicó en 1951 y nunca se había traducido al español. Y la Biblioteca Castro publica en un tomo, a cargo de Francisco J. Díez de Revenga, ‘Libro de la vida’, ‘Camino de perfección’, ‘Moradas del castillo interior’, ‘Libro de las fundaciones’ y ‘Poesías’.

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