Ed. por .Gustavo Mohme.

Una sola voz

La reducción de la actual tensión política es una necesidad impostergable. De ello depende la reconducción de la agenda pública hacia asuntos trascendentales en cuyo contenido caben los casos de espionaje a personalidades públicas pero que también reclama atención para otros asuntos relacionados con la evolución social y económica del país y de sus instituciones en los ámbitos nacional, regional y local.

El cuadro de tensión se ha visto agravado por los pedidos de renuncia de ministros o del gabinete como conjunto. La percepción de que el gobierno necesita mejorar su desempeño y cohesionarse como equipo se origina en los roces entre sus miembros, el desgaste en algunas carteras y una reciente denuncia sobre la formación de un expediente muy documentado para hostilizar a la titular de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), Ana Jara, con datos que no son secretos pero que corresponden al funcionamiento interno de la PCM. En el expediente se advierte el interés de presentar su contenido como un hallazgo de graves faltas de conducta. Esta denuncia se agrega a otras que incluyen expedientes elaborados con el mismo formato y propósito.

En otras condiciones, la posibilidad de un cambio de gabinete debería ser apreciado como un trámite regular del régimen democrático, un proceso que no debería ser ni peligroso ni anormal. Se tiene, sin embargo, el antecedente de las dos recientes votaciones de investidura del gabinete en el Congreso en donde una parte de la representación liderada por el fujimorismo intentó bloquear el trámite votando por la opción de color ámbar en lugar de rojo o verde con el claro propósito de desestabilizar al gobierno, dejar al Ejecutivo en el aire por varios días e impedir que se cumpla, precisamente, con el propósito de relanzar al Ejecutivo.

A pocos meses para el inicio del calendario electoral que concluirá en las elecciones de abril del 2016, no es aconsejable la profundización de las tendencias de confrontación extrema y sin salida. Una parte de este clima es de responsabilidad del Ejecutivo, que tuvo una lectura equívoca de la realidad y contribuyó a su propio debilitamiento, y la otra de la oposición, que en varios asuntos exhibió una conducta errática, como cuando la llamada Ley Pulpín por la que votó para luego cambiar de bando.

Pero es innegable que el Ejecutivo necesita ser renovado, relanzado y fortalecido porque sin estos cambios su labor se verá afectada seriamente. Por esta razón, y con el objetivo de recuperar una mayor cuota de legitimidad, es preciso que el gobierno recupere su condición de equipo, retirando del actual gabinete a los ministros que generan una tensión inútil e improductiva para el país y para el mismo Ejecutivo, y a otros cuyo desempeño es objeto de cuestionamiento por sus reconocidas faltas éticas o por su errado desempeño en casos sonados. Estos cambios son necesarios y operarían en varios sentidos además de la normalización del clima público; permitirán que el Congreso retome la agenda dejada haces meses y que se viabilice el diálogo convocado por la premier Jara.

Estos cambios no deberían demorar; concretarlos será una señal de responsabilidad del gobierno con el futuro cercano a su cargo y con las reglas de juego de la democracia; para la oposición, acompañar los cambios aun con las críticas, sin extremismos y sobresaltos que pongan en riesgo la gobernabilidad, será un mensaje de compromiso claro con la institucionalidad.

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